ANÁLISIS

Política Preventiva como vacuna de un estallido social

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¿Y si se hubiera adelantado una política preventiva en el conflicto catalán? ¿Hubiéramos visto las detenciones de Junqueras y los consellers? Seguramente, no. Porque solo la política hubiera evitado la situación en la que se encuentra Cataluña. Y solo la política va a solucionar este creciente problema político.

La fragilidad del conflicto va creciendo y, como un fino hilo: si se tensa se romperá. Entonces, no habrá diálogo posible que arregle tal destrozo. Pero quizá aún estemos a tiempo de evitar esa rotura. Lo que costará esfuerzo, diálogo y, sobre todo, política de altura.

Las detenciones no acallarán el sentimiento independentista que tiene parte de la sociedad catalana. Porque, a pesar de que ni el referéndum ni la declaración de independencia tenían efectos legales, sí los tuvieron socialmente. Y eso es innegable y puede ser incontrolable.

Para solucionar esta tensión política habrá que atender a la tensión social. Quienes salgan ganadores de las elecciones del 21D no solo tendrán la responsabilidad de gobernar Cataluña sino de entenderla.

Pero, hasta entonces, el Gobierno de Mariano Rajoy es quien (sobre el papel) gobierna Cataluña tras haberla intervenido por medio del 155. Sin embargo, ya antes tenía la gran responsabilidad de que, como Estado, hiciera todo lo posible por evitar una confrontación social y política como la actual. Y, a la vista está que no lo ha hecho.

La situación actual en Cataluña es en gran medida producto de la ineficacia política del Gobierno de Rajoy como último responsable de la convivencia en España. No ha sabido convencer para mantener la que llaman “unidad de España”, buscar fórmulas o simplemente hacer autocrítica e intentar dialogar.

Mientras Rajoy queda protegido por la bandera del 155 y la tan repetida legalidad casi ni se oyen las voces críticas con el gobierno por habernos arrojado al borde de un precipicio del que no sabemos escapar.

¿Cómo afectarán las detenciones de cara a las elecciones del 21D? Veremos. Porque lo que está claro es que la cacerolada de este jueves es solo un aviso de las movilizaciones que veremos en las calles de Cataluña para pedir la libertad ya no de los Jordis sino de sus consellers y vicepresident.

Las detenciones de Junqueras y los ocho consellers marcan un antes y un después que solo se hubiera podido evitar con una política preventiva y responsable. Seguramente estemos a tiempo pero, para eso, habría que esperar una autocrítica política y eso… Ya tal…

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